martes, 28 de octubre de 2014

Una Historia Sencilla

Es la primera vez que leo una crónica.
(Foto de Internet)
La verdad al principio me costó adaptarme al género. Tan acostumbrada a los cuentos y novelas que una parte mía quería agregarle e inventarle cosas a esas primeras páginas. Me sentí rara, sabía que estaba esperando algo que no iba a pasar. Vendrían datos como en un informe o una investigación. Sin embargo Una Historia sencilla de Leila Guerriero me sorprendió. Pasando los primeros capítulos, el libro me atrapó. Sin darme cuenta en que momento sucedió no pude parar de leer. (igual es un libro corto jeje!). La sensación es que estaba al borde de suspender un libro hasta que me absorbió para adentro como si me hubiese caído en un embudo. Confieso que nunca hubiese elegido el libro en una librería, sino fuese porque me recomendaron a la autora. La historia del malambo no me entusiasma. Leila usa las palabras perfectas para transmitir que hay un mundo inmenso de emociones y experiencias que cada enero aparece en Laborde. La primer frase del libro anticipa claramente lo que es: “ Esta es la historia de un hombre que participó en una competencia de baile” Ni más ni menos es exactamente eso. Leila sigue a este participante Rodolfo, y para mí creo que calmó las ansiedades de la ficción de encontrar un personaje central. Aunque al principio solo quería saber si ganaba o no el concurso, las palabras de Leila logran correr ese foco y ponerlo en la vida cotidiana. Esto para mí es la clave del éxito del libro. Plasma de manera única los sacrificios, esfuerzos de este participante Rodolfo a lo largo de los dos años que lo conoce. La trama ya pasa por esa historia, que implica un estilo de vida que deja todo en un baile de cuatro a cinco minutos. Eso es todo el tiempo que lleva el baile de malambo. Todos quieren ser campeones, probarse a sí mismos que tienen lo que se necesita. Como lectora me sentía identificada con las preguntas que Leila plantea en el transcurso del libro. Ser campeón de malambo en Laborde significa coronarse para nunca más competir en malambo. Es algo tan difícil de entender. De alguna manera Leila lo logra. Hay partes del libro donde la tensión previa a subir al escenario se siente y cuando ella narra que lo ve a Rodolfo leyendo la biblia en la intimidad sin saber si debería salir o no del camarín, es una de mis partes favoritas. Es una historia sencilla que es digna de ser narrada más allá del concurso y eso es lo que Leila invita a descubrir. 

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